¿Qué determina el desarrollo de un país y cómo se puede promover? El libro explora esta pregunta y propone como respuesta: atreverse a hacer las cosas de distinta manera, esto es innovación. El planteamiento es abandonar la inseguridad para dar paso a la curiosidad, al riesgo; y dejar de lado el conformismo en el que nuestra sociedad se ha estancado y nos impide levantar el vuelo, enfocar mejor nuestra creatividad y lograr hacer de nosotros un país que aprovecha mejor sus capacidades y recursos disponibles.
En la actualidad estamos presenciando la co-construcción de una nueva gobernanza mundial que involucra a los gobiernos locales como espacios de proximidad desde donde se facilita la articulación de actores y de políticas públicas para atender desafíos globales como el cambio climático, la digitalización, la movilidad humana, entre muchos otros, desde perspectivas más cercanas a las necesidades ciudadanas.
Además, podemos decir que nuestro presente y nuestro futuro es urbano. Más de la mitad de la población mundial habita en ciudades, si bien solo ocupan el 2% de la superficie, producen el 80% de la riqueza mundial.
En el poniente de la Ciudad de México, donde la mancha urbana se encuentra con el bosque y las barrancas resisten como cicatrices abiertas de la historia ambiental de la capital, gobierna un alcalde que no se asume administrador, sino explorador. “Me defino como un terrenauta”, dice Javier López Casarín, y la palabra no es metáfora ligera ni ocurrencia retórica: es declaración de método.